El entonces presidente habría extendido de forma ilegal la estadía del jefe guerrillero en Cuba, lugar donde se realizaron las conversaciones del Acuerdo de Paz.

La noticia fue conocida por Revista Semana, la cual preparó para su reciente edición una portada en la que aparece el expresidente Juan Manuel Santos junto con el líder guerrillero Nicolas Rodriguez Bautista, alias ‘Gabino’ jefe del ELN. Debido a esa denuncia, la Fiscalía estaría buscando acudir a la Comisión de Acusación de la Cámara para que se abra una investigación formal contra el exmandatario.

Según advierte el medio, el exmandatario podría ser acusado de cargos como “prevaricato por acción, fraude procesal, constreñimiento para delinquir y falsedad en documento público. Además, se considera que las irregularidades se conocen hasta ahora debido a que el entonces fiscal Néstor Humberto Martínez evitó indagar en el tema y dejar el caso suspendido.

No obstante, ante la insistencia del comisionado de Paz, Miguel Ceballos, el caso fue reabierto por el fiscal general Francisco Barbosa, quien al parecer habría determinado que la llegada de alias ‘Gabino’ a la Habana, en julio de 2018, está rodeada de varias irregularidades pues, aunque se conoce que la salida del guerrillero se hizo vía Venezuela, este no habría contado con los requisitos que exige la ley colombiana.

“En julio de 2018, ‘Gabino’ fue autorizado para trasladarse a Cuba por razones humanitarias. El permiso le fue concedido por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, en cabeza de Rodrigo Rivera. Lo extraño es que el jefe máximo del ELN pudo moverse sin líos por territorio colombiano, cruzó la frontera ilegalmente, llegó a Venezuela y aterrizó en Cuba con un salvoconducto expedido por la Casa de Nariño que carecía de respaldo legal, pues no se suspendieron las órdenes de captura en su contra, como lo ordena la Ley 418 de 1997”, denunció el medio.

De momento, el expresidente Santos no se ha manifestado al respecto, sin embargo sus hijos Esteban y Martín comentaron el artículo de Semana como una “obsesión” por parte de su directora Vicky Dávila, quien es una de las figuras más críticas con el gobierno del Nobel de Paz.

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